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-UNCERTAINTY / INCERTIDUMBRE-

O cómo la incertidumbre nos obliga a disolver nuestros límites preestablecidos.

Entendemos la certeza como el conocimiento seguro e irrefutable de algo. Define realidades acabadas, con una frontera clara, reconocible y delimitada. La certeza es lo que sentimos ante todo aquello que se nos ha enseñado y que damos por hecho, todo aquello para lo que es innecesario cualquier tipo de reflexión o mayor profundización. La certeza invita a definir nuestra realidad sustituyendo procesos de análisis racional con aquellos basados en la memorización. 

La incertidumbre, como antónimo de la anterior, aparece entonces como la oportunidad para generar los procesos de reflexión necesarios que den respuesta a toda realidad de naturaleza cambiante o desconocida, cuyos límites no puedan ser definidos o que carezcan de los mismos. La incertidumbre, por tanto, influye también en la naturaleza de nuestras certezas, eliminando su estaticidad y forzando la evolución de las mismas.

La disruptiva aparición del coronavirus en diciembre de 2019, un mes después de la elección del lema del Pabellón de España, ha resultado ser el último input de la naturaleza para evidenciar la situación de la que hablaba Bauman en su Modernidad Líquida: la realidad socioeconómica actual hace que el ser humano se encuentre navegando en los mares de la incertidumbre. La sociedad se ha convertido en una figura de cambio constante y transitoriedad, atada a factores educativos, culturales y económicos. 

Antes de la pandemia ya nos encontrábamos en una realidad en la que la volatilidad de todos los procesos demandaba la apertura de los límites de nuestras certezas, para permitir que las mismas evolucionaran. Aun así, el grueso de nuestra comunidad obviaba esta situación y seguíamos manteniendo modelos arquitectónicos caducos apoyados en sistemas preestablecidos, defendiéndolos desde la comodidad, la costumbre y, sobre todo, la rentabilidad. 

Ahora la sociedad postpandémica reclama a gritos la apertura de los espacios de reflexión y nuevas soluciones para certezas que han demostrado poseer una dimensión marcadamente temporal, obligándonos a reconocer su crecimiento heterogéneo y la necesidad de nuevas estrategias lo suficientemente flexibles como para adaptarse a la existencia de un futuro incierto, en constante cambio. 

La bautizada como nueva normalidad demanda a la arquitectura acciones que abran los límites existentes entre antagonismos predefinidos, para lograr así su rotura definitiva. Conceptos íntimamente condicionados por factores económicos y culturales deben ahora fusionarse y desdibujar sus fronteras para convertirse en abiertos, permitiendo así la aparición de los procesos indeterminados que demanda nuestra sociedad líquida. De esta forma tendremos las herramientas necesarias para actuar frente a cualquier nueva posibilidad que irrumpa en el futuro de nuestra convivencia.

El pabellón Uncertainty presenta una selección de acciones que hibridan y amplían las competencias de la arquitectura para hacer frente a las nuevas demandas sociales, desdibujando para ello fronteras disciplinares y conceptuales impuestas que se han terminado convirtiendo en normativas de la misma, creando así conceptos abiertos a partir de realidades previamente percibidas como antagónicas.

[antropocéntrico] [ecocéntrico] → - antropocéntrico ecocéntrico -

[interior] [exterior] →  - interior exterior -        

[innovador] [tradicional] →  - innovador tradicional -

[individual] [colectivo] → - individual colectivo -   

[lúdico] [productivo] → - lúdico productivo -

[virtual] [físico] → - virtual físico - 

Con ello los trabajos expuestos se transforman en un catálogo de estrategias arquitectónicas necesarias para hacer frente al nuevo futuro de nuestra convivencia y sus implicaciones, no solo a nivel social, sino también con el medio. 

La exposición muestra cómo la atomización social, resultante de la variabilidad de respuestas a la incertidumbre que hemos vivido, no elimina la posibilidad de un conjunto o comunidad, ni un posicionamiento forzoso en la individualidad. Para ello se representa, en la sala central del pabellón, un volumen formado por cientos de individualidades heterogéneas flotando en el espacio que, independientemente de su distanciamiento físico y conceptual, interactúan construyendo un único cuerpo reconocible. Un conjunto de diferentes arquitecturas que, como la profesión, se va transformando ante las interferencias ocasionadas por su interacción con fuerzas externas inesperadas, pero sin perder en ningún momento su capacidad para definir un camino común. 

Uncertainty propone como estrategia la apertura de nuestras certezas, focalizando la mirada en la investigación de sus límites y mostrando acciones que permiten a diferentes dimensiones de la realidad el convertirse en elementos procesuales abiertos, dinámicos y adaptables. Un futuro en el que la incertidumbre, como estrategia de diseño, se haya convertido en la herramienta principal para transformar nuestros procesos y modelos sociales, rompiendo el individualismo a favor de la convivencia. 

¿Es la incertidumbre nuestra única certeza?

  1. Bauman, Zygmunt: Liquid Modernity, Cambridge: Polity Press, 2000.
CONTRAPREGUNTAR

¿Qué es la arquitectura? Como posiblemente les sucediera a tantos otros compañeros, esta era la primera pregunta a la que nos enfrentábamos al comenzar la carrera en mi escuela, en aquel intento de introducción a la profesión que denominaron aula de arquitectura. Aún hoy en día sigue siendo complicado encontrar una respuesta definitiva. Desde el punto de vista de la sociedad han existido siempre ciertas ideas generalistas que nos niegan una definición efectiva y comprensible para el amplio ámbito abarcado por nuestra profesión, situación que nos invita muchas veces a preguntas existencialistas tales como quiénes somos y para qué servimos realmente los arquitectos. 

Si la pregunta se la lanzamos al gremio, es probable que este nos devuelva un recital teórico en el que grandes nombres nos invitan a reflexionar sobre alguno de nuestros elementos fundamentales: espacio, volumen, luz, escala, materia, grosor, etc. Si preguntamos al público general, nos podemos llegar a golpear contra definiciones minimalistas surgidas de la mala imagen que la especulación y las burbujas inmobiliarias se han encargado de asociar a nuestra profesión: dibujar cuatro rayas, firmar, cobrar…

Entonces ¿qué somos? Tomando un camino totalmente pragmático, podemos intentar realizar un acercamiento legislativo a la respuesta, apoyándonos en una de las bases que nos define profesionalmente: nuestra formación académica. 

En el Libro Blanco del Título de Grado en Arquitectura de la ANECA, que es el documento sobre el que se apoyan nuestros planes de estudio universitarios, no se define ni lo que es la arquitectura ni lo que significa ser arquitecto, sino que hace un repaso del oficio y su formación a lo largo de la historia. Lo que más se acerca a una definición, es el planteamiento de una serie de obligaciones formativas basadas en cinco perfiles de nuestra actividad, extraídos de una encuesta realizada en 2003 y que “de manera efectiva y fehacientemente constatada están ejerciendo los arquitectos españoles de hoy: Edificación, Urbanismo, Acción Inmobiliaria, Especialización técnica, Dibujo y diseño,” (ANECA, 2015). A estos añade, durante el transcurso del texto, un sexto de “Conservación y restauración del patrimonio histórico”. 

Todo visitante de la exposición del Pabellón de España para la 17ª Exhibición Internacional de Arquitectura, la Biennale di Venezia 2021, comprobará que ninguno de los proyectos allí expuestos se enmarca completamente en alguna de las seis especialidades en la que nuestros planes de estudio podrían intentar definirlos. ¿Significa esto que son menos arquitectura?

Cuando desarrollamos nuestro proyecto curatorial, para el concurso organizado por el Ministerio de Fomento en 2019, decidimos que para responder al ¿Cómo viviremos juntos? de Hashim Sarkis, debíamos tomar como punto de partida el comprender el estado actual de nuestro oficio. Para ello nos propusimos contrastar la encuesta que había utilizado la ANECA con datos actualizados sobre los intereses y actividades que, a principios de 2020, compartían los arquitectos de nuestro país. Esto terminó traduciéndose en una convocatoria de proyectos en cuya primera fase, aparte del envío de información escrita y gráfica de los trabajos, era necesario contestar a las preguntas de un formulario.

De esta manera obtuvimos una base de datos con más de cuatrocientas ochenta magníficas participaciones, que logramos reducir hasta las ochenta y cuatro propuestas que mejor se adaptaban a una de las premisas iniciales de nuestro proyecto curatorial: arquitecturas interdisciplinares con un claro impacto social positivo. Posteriormente, gracias únicamente a la generosidad de los participantes, realizamos una segunda fase en la que seleccionamos las treinta y cuatro obras cuya representación física llena las salas del pabellón. 

Con el formulario que acompañaba a la primera fase, queríamos obtener los datos necesarios para crear un microuniverso observable de certezas que nos permitiera categorizar en perfiles nuestra profesión con la misma claridad que había logrado la ANECA en su Libro Blanco. En la segunda fase, solicitamos a los participantes que adscribieran sus proyectos a alguna de las seis categorías de la incertidumbre que, tras analizar la primera convocatoria, eran para nosotros los frentes desde los cuales se estaban desdibujando los límites de la arquitectura: divulgación, economía, política, tiempo, tecnología y usuario. 

Cuando recibimos la información y contrastamos la misma con los proyectos que la acompañaban, pudimos comprobar que la arquitectura de nuestro país se estaba diluyendo en un universo de categorías infinito, inabarcable por las preguntas que habíamos planteado a los participantes. Nuestros compañeros nos habían devuelto la misma respuesta que le habíamos dado nosotros a Sarkis: la incertidumbre, ilimitada, infinita, cambiante, líquida.

La información que recabamos en dicha convocatoria, sumada a lo vivido durante el primer periodo de aislamiento social, nos ayudó a darnos cuenta de que no podíamos realizar un inventario de proyectos encerrados en categorías. Debíamos centrarnos en mostrar cómo la arquitectura española, en su compromiso con el contrato social, había formalizado estrategias para romper con la separación de una serie de realidades percibidas históricamente como antagónicas: antropocéntrico y ecocéntrico; interior y exterior; innovador y tradicional; individual y colectivo; lúdico y productivo; virtual y físico. Este ejercicio de redefinición, demandado por una sociedad que vivió el derrumbe de sus certezas durante la pandemia, pedía a los arquitectos aprovechar las mismas habilidades usadas en diseñar y construir espacios para diseñar y construir interconexiones. 

Un claro ejemplo de esto fue que, durante los sucesivos períodos de confinamiento del 2020, aparecieron en nuestro país cientos de arquitecturas que reflexionaban sobre cómo mejorar la situación de una sociedad disgregada y encerrada en su hogar. Más allá de lo físico, estas propuestas se adentraban en una hiperrealidad en la que el valor de los proyectos se alejaba durante un tiempo de la experiencia espacial del usuario y se redirigía hacia su experiencia vital y la interconexión efectiva con todos los niveles de su entorno. 

Toda esta situación ayudó a reafirmar no solo la selección de nuestro lema, que repentinamente se convirtió en el sentimiento más compartido por la población a nivel mundial, sino que reforzó las treinta y cuatro obras seleccionadas para representar a España en esta edición. Todas ellas demuestran que la arquitectura de nuestro país llevaba tiempo trabajando para dar soluciones a problemas de nuestra sociedad que el virus se encargó de evidenciar. Es por esto por lo que los proyectos expuestos son capaces de dialogar con la denominada nueva realidad como si hubieran sido concebidos en ella. 

El visitante del pabellón comprobará que el valor de las obras expuestas va mucho más allá de su realidad física. Cada uno de estos objetos es solamente una representación simbólica, una pequeña parte de la reflexión que sus autores, todos ellos arquitectos, han realizado para responder a un problema concreto. Su valor real recae en haber sabido localizar la pregunta inicial con cuyas acciones dan respuesta y en la capacidad que tienen para visualizar cómo el uso de unas herramientas y estrategias compartidas generan relaciones perceptibles en la manera de afrontar cada problemática. 

Para ello, la exposición representa cada trabajo destacando en la oscuridad un volumen expuesto como un objeto precioso, relacionándolo temporal y aleatoriamente, con otros dos objetos de la sala, reflejando sus posibles conexiones mediante la reproducción sincronizada de unos videos que profundizan en la respuesta que cada autor ha dado con su proyecto al tema principal de esta edición de la Biennale. Agrupando estas respuestas bajo una o varias estrategias, que más que categorizarlas buscan mostrar sus interconexiones, estas nuevas arquitecturas conforman un tejido flexible que permite abordar la complejidad de nuestro presente.

Las obras expuestas bajo el lema Uncertainty son una muestra del trabajo de arquitectos que, partiendo de aprendizajes y estrategias compartidas, han logrado evolucionar e hibridar, encontrando nuevas formas de intervenir en una realidad en constante cambio. Una realidad con la que estamos tan íntimamente relacionados que su indefinición nos impide encontrar un significado definitivo para nuestra profesión, por lo que no podemos hacer más que invitar a cada uno a que elija desde la incertidumbre el suyo propio. Yo por mi parte me quedaré con la definición que nos regalaba un gran amigo hace poco: 

La arquitectura es hacer lo que se pueda, con lo que se pueda. 

Santa Cruz de Tenerife, enero 2021 

Domingo Jacobo González Galván

ARQUITECTOS EN/DE UNCERTAINTY

- ¿Cómo viviremos juntos?

- Vivir no es otra cosa que arder en preguntas.

Hashim Sarkis, Antonin Artaud 

  1. En tiempos de incertidumbre, cuando la modernidad líquida se ha evaporado formando una nube etérea, la posición social de la comunidad de arquitectxs ha sufrido una crisis que deviene en permanente. En la inestabilidad del presente, el marco social de nuestra actuación, que era la base de nuestro reconocimiento y estabilidad en tiempos pasados, se ha convertido en un ente incierto y en constante cambio, provocando ansiedad y frustración en nuestro colectivo profesional. Para frenar ese cambio, hemos intentado institucionalizar la visión autónoma de la Arquitectura, convirtiéndola en una disciplina cada vez más estática, anticuada y cerrada. Hemos caído en la trampa de una división disciplinar dura que ha llevado a la compartimentación del proyecto en un conjunto de intereses parciales, que prescinde del arquitecto como coordinador del diálogo social. Nuestro interés exclusivo hacia el objeto arquitectónico ha congelado la Arquitectura, la ha vuelto indiferente a las transformaciones continuas de la sociedad, hermética a la incertidumbre de la vida.  

A pequeña escala, la libertad que surge de los tiempos de incertidumbre, como oportunidad de desarrollo para la individualidad propia de cada arquitectx, ha quedado desvirtuada por un creciente individualismo. La responsabilidad personal por construir cada uno su identidad arquitectónica se ha confundido con la mirada comparativa y la rivalidad con el otro. El deseo de desmarcarse nos ha llevado al consumo compulsivo de la Arquitectura, proliferando estrategias proyectuales cortoplacistas, de resultados inmediatos. Estas respuestas superficiales eliminaban provisionalmente nuestra propia ansiedad creativa, pero, por otro lado, han participado en el negocio de la incertidumbre: un sistema en el que la sociedad está dispuesta a aceptar soluciones precarias, pagando cualquier precio solo por reducir el miedo a lo desconocido; un sistema que convierte a la incertidumbre en un clickbait, en el principal objeto de consumo, mucho más rentable que cualquier otro producto, ya que su demanda nunca se puede satisfacer; un sistema basado, sobre todo, en el rechazo de la incertidumbre como fuente de agobio y bajada de productividad.

  1. Sin embargo, las obras presentes este año 2021 en el Pabellón de España nos muestran que al fuego de esa crisis permanente se ha forjado una nueva generación de arquitectxs que ha sabido arder en preguntas para habitar la incertidumbre

Habitar en el sentido existencial de domesticar la incertidumbre. Rechazar la seguridad de las tendencias y no forzar nuevas certezas o centralidades. Renunciar a la lógica de productividad e inmediatez; establecer una relación íntima con el cambio permanente y darse tiempo para observar el presente con humildad y empatía para ver las potencias que transforman la sociedad. 

Aprender a “navegar en un océano de incertidumbre a través de un archipiélago de certezas” (E.Morín), es decir, entender la incertidumbre como una nube de conexiones, interferencias inesperadas entre las potencias observadas, un campo infinito de nuevas oportunidades también para la Arquitectura. 

Habitar significa también dejar huella o construir en la incertidumbre. Asumirla como principio reconstructivo para el presente, sin esperar tiempos mejores. Generar herramientas de procedimiento dinámico, nuevos canales de comunicación en red que relacionan conceptos y metodologías de distintos orígenes, superando las fronteras obsoletas e inoperantes entre las disciplinas. Construir procesos (inter)disciplinares e (in)disciplinares, insubordinados respecto a las dicotomías prestablecidas de la profesión, a veces arriesgados, a primera vista incorrectos, pero siempre informales e indeterminados, en sintonía con la realidad cambiante.  Procesos duraderos que contrastan con la precariedad de las estrategias proyectuales de resultados inmediatos y se oponen a la consiguiente ansiedad y frustración creativa. Procesos que aumentan la sensibilidad a las transformaciones continuas de la sociedad, se abren a la vida y permiten a sus creadores convertirse en activistas o Arquitectxs de Incertidumbre.  

  1. Lxs Arquitectxs de Incertidumbre son aquellos que cuestionan la imagen heroica de la profesión basada en el mito romántico de arquitectx- genio individual. Sus obras son fruto de la creatividad colectiva, son unos procesos donde los “autores” se convierten en “moderadores” de un diálogo multilateral. Son procesos que no se limitan a la colaboración multidisciplinar dentro de un equipo de expertos, sino que constituyen un intento de alterar la dualidad, obsoleta y nociva, entre el arquitecto (creativo, incierto) y el ciudadano (pasivo, previsible).

En esa visión, por un lado, está la sociedad que (al igual que la nube isotrópica del Pabellón de España) aparece como una masa anónima, inmóvil, fragmentada y condenada a la entropía progresiva. De manera análoga, la experiencia individual de cada ciudadano se percibe como una hoja de papel solitaria, sin rellenar, lista para recibir un nuevo mensaje. 

Por otro lado, están lxs arquitectxs, que aparecen como cómplices del poder impuesto: diseñadores que proyectan desde la tabula rasa, expertos que buscan una única lógica superior para organizar las experiencias individuales, artistas que ven a la gente como amenaza para su Arquitectura. 

Las obras de lxs Arqutectxs de Incertidumbre alteran esa concepción, animando a los ciudadanos a ser agentes inciertos, a generar su propio sentido y transformar de forma creativa el espacio que habitan. Reconocen a la sociedad como una red dinámica, peer-to-peer, con miles de conexiones internas que al enlazarse crean acciones colectivas capaces de transformar el conjunto. En definitiva, las obras nos hacen entender a todos que el mejor camino para que la sociedad pueda domesticar y construir en la incertidumbre, es habitándola juntos, basándose en la pluralidad y el diálogo. 

Esta forma de ejercer diluye la autoría, pero no limita la responsabilidad o creatividad de lxs arquitectxs, ni marginaliza la profesión. Al contrario, genera un vínculo más íntimo entre los ciudadanos y la arquitectura, a la vez que permite una verdadera innovación con ideas, acciones y espacios sin precedente. Pero, sobre todo, ayuda a nuestra comunidad a ganar una nueva credibilidad a ojos de la sociedad, convirtiéndonos en coordinadores independientes e imparciales de la transformación social, los que convocan y custodian el diálogo sobre “cómo viviremos juntos”. 

  1. Sin embargo, para no caer en la trampa de un heroísmo renovado, lxs Arquitectxs de Incertidumbre eligen quedarse en la periferia y desarrollar procesos que son, ante todo, expresión de una experimentación pragmática. Desconfían de las ideologías preestablecidas y ponen acento en la praxis. Habitan la incertidumbre, pero no renuncian a la búsqueda de certezas localizadas, operativas, derivadas de la acción de los ciudadanos. 

El pragmatismo especifico de sus obras, permite evaluar la utilidad de sus herramientas, restablecer un equilibrio entre el proceso y el resultado, alejándose a su vez de espectáculos participativos superficiales que solo satisfacen los deseos individuales de algunos, o peor, que desaprovechan la energía del colectivo al no convertirlo en protagonista de una transformación real.

La experimentación pragmática de lxs Arquitectxs de Incertidumbre reclama un impacto tangible que permita construir un conocimiento concreto, colectivo e intersubjetivo - enfocado hacia el otro. Un conocimiento que se asienta poco a poco, por ensayo y error, alternando continuamente el pensar con el hacer. Por ello, las obras nunca aparecen terminadas, sino (inde)terminadas, abiertas. Son arquitecturas vivas, siempre reprogramables, siempre en “versión beta” para fomentar la capacidad de autorreflexión. Sirven tanto para aprender como para desaprender y formular nuevas preguntas… 

  1. Este año, el pabellón de España apunta con optimismo hacia toda una generación de arquitectxs que ya contribuye generosamente en la transformación permanente de nuestros modus vivendi, invitando a la sociedad a habitar juntos la incertidumbre. 

Aunque siempre cabe recordar, con humildad, las palabras de Mario Benedetti: 

“Cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto, cambiaron todas las preguntas”.

Santa Cruz de Tenerife, febrero de 2021 

Andrzej Gwizdala

UNSOCIAL

Desde el cambio de milenio, un grado de incertidumbre desconocido se había instalado en el contexto global y ahora nos ha sorprendido una pandemia que amenaza de manera etérea a la población. La Covid-19 ha supuesto una oportunidad para identificar los aspectos determinantes de una dolencia común —la incertidumbre social— y ahora también los síntomas de una sociedad enferma, en términos sanitarios, que obliga a adoptar soluciones generales para lograr vencerla. Esa sociedad, con un modelo obsoleto a punto de explotar, alejado y desconectado del interés común, del bien y del progreso colectivo, necesitaba ser renovada. 

Imagino otras vacunas que no solo salven la situación actual que padecemos, sino que erradiquen otros tipos de «virus» endémicos más letales, como el egoísmo o el individualismo. «Vacunas» que vayan repletas de más solidaridad y generosidad en este nuevo panorama que nos ha tocado vivir y que viviremos durante un tiempo. 

Nos enfrentamos juntos a una crisis sin precedentes. La incertidumbre sanitaria ha sobrevenido cuando otras incertidumbres se habían hecho patentes, como la social, medioambiental o migratoria. Desde el observatorio de unas «islas afortunadas» ahora cerradas al turismo y a las que llegan miles de seres humanos huyendo de la desesperanza, el hambre y la violencia, el desequilibrio del planeta se presenta de manera muy elocuente. Estas embarcaciones con sueños a la deriva representan la necesidad del cambio para trabajar en un futuro en el que estén incluidas todas las personas. 

La incertidumbre es un mecanismo que nos proporciona la oportunidad de repensar el equilibrio social y material del planeta. El momento requiere un rearme basado en la esperanza. Nuevas oportunidades son posibles a partir del estudio y del análisis de los modelos existentes para provocar un cambio de paradigma. Una nueva arquitectura más humana, amable, sensible y respetuosa es posible y un nuevo modelo de gestión de los territorios es urgente. Necesitamos entornos sostenibles, acotados, preparados para disfrutar y compartir de manera solidaria. Nuevas respuestas para (re)vivir más y mejor. 

Esta incertidumbre social — UNSOCIAL— puede llegar a convertirse en una herramienta de solidaridad, que inspire el proceso de revisión necesario para mejorar la vida. Será capaz de regenerar las nuevas formas de relacionarnos y los nuevos compromisos sociales que lograremos alcanzar. Una estrategia que nos permita vivir, más que nunca, generosamente unidos. 

Islas Canarias Tacoronte, marzo 2021 

Fernando Herrera

UNSOCIAL
TENDER PUENTES

Venecia se estableció sobre marismas y pantanos porque estos ofrecían protección a los romanos que huían de las hordas de bárbaros invasores. Las peculiares características del terreno les permitían defender su autonomía sin tener que renunciar al comercio. El propio proceso de construcción de la urbe, su basamento sobre estacas de madera, es notable, pero si algo destaca es el valiente acto  de acometer la titánica tarea de canalizar el agua de los dos ríos que desembocaban en la laguna y la hacían demasiado inestable. Se esclarece la magnitud de esta empresa, sabiendo que el genio creativo Leonardo Da Vinci la consideró descabellada, debido al interminable proceso de ensayo y error que requeriría. Aún así, los venecianos se pusieron manos a la obra,  consiguiendo que incluso a día de hoy, este ecosistema simbiótico entre laguna y ciudad funcione de manera conjunta e indisociable, éxito de la perseverancia y la ingenuidad.


Frecuentemente, las tareas de este calibre se tornan inalcanzables por el paralizante miedo a lo desconocido. La incertidumbre es un término que genera angustia, nos sobrecoge la falta de control. Aprovechando este temor existencial que sufre la sociedad, las religiones se han encargado de guiar a sus fieles por medio de fábulas que se convierten en verdades absolutas e irrefutables, ofreciendo su propia explicación a cada detalle desconocido. Atreverse a rebatir estos dogmas, grabados por repetición en el ideario colectivo con el paso de las generaciones, conlleva su justo castigo, la expulsión del Edén, la curiosidad mató al gato, la caja de Pandora. Pero es que investigar y cuestionar, morder la manzana, es naturaleza humana. Dudar, preguntar, intuición, imaginación, creatividad, evolución... todas emergen de la incertidumbre, la aceptación de que nuestro conocimiento es limitado y de que el afán de descubrimiento impulsa  hacia delante - solo a aquellos que den el salto de fe. 


El revolucionario acto de divagar, de extraviarse, se convierte en un placer al deambular por las calles de la Serenissima, donde cada rincón es digno de ser observado. Hemos querido reflejarlo en nuestra propuesta, concebida como un gabinete de curiosidades o cuarto de maravillas, lugar donde los nobles acumulaban objetos con la intención de divulgar descubrimientos de todas partes del globo, y donde también exhibían muestras que acreditaban sus creencias (no era extraño encontrarse todo tipo de evidencias de elementos místicos y reliquias). Curiosamente, estos precursores de los museos se convirtieron en la chispa que instó a investigar, y finalmente desmentir, muchas de estas supersticiones. De igual manera, el pabellón ofrecerá un muestrario de apariencia intencionadamente ecléctica, donde los equipos participantes han contribuido objetos representativos de proyectos recientes, que pueden ser disfrutados vagando por sus salas. La selección genera su propio discurso entrelazando las inquietudes que exploró cada equipo en su proceso creativo. La exposición ofrece su propia explicación, sin cerrarse a la interpretación que cada visitante extraiga de su propia experiencia dentro de él, generando  a su vez nuevas preguntas, y posiblemente nuevas ideas que lleven a investigar o desmentir los temas que se tratan.


Resulta más que adecuado que un evento de tal trascendencia como es la Biennale Architettura se desarrolle en esta ciudad-museo. Esta decimoséptima edición quedará permanentemente marcada por el aplazamiento que sufrió debido a la emergencia sanitaria que ha ocupado los informativos a nivel mundial durante este último año, situación que ha conllevado la pérdida de grandes figuras dentro de la profesión, como Michael Sorkin o Vittorio Gregotti. No debe olvidarse el papel que jugó el milanés en la creación de la sección de arquitectura de la Biennale. Por lo que parece aún más relevante que, en una entrevista, Gregotti manifestase dudas acerca del formato que se había establecido para la misma, a la que ya nadie acude buscando novedades; quedando obsoleta su función informativa. Por ello, invitaba a plantearla como una plataforma crítica, exponiendo un problema desde un punto de vista preciso para involucrar al panorama artístico existente. El comisario Hashim Sarkis coincide con, o se hace eco de esta inquietud, proponiendo como lema una pregunta que no admite respuestas concisas, que genera conversación, y que él explicaba por medio de varias perspectivas, algunas tan proféticas de lo que se advendría como la invitación a considerar cómo afrontaríamos los problemas "juntos, como un planeta que enfrenta crisis que requieren de acción global para que podamos continuar viviendo". Este ambiente de reflexión, combinado con la extensión en el tiempo de la edición, ha propiciado la creación de plataformas de comunicación directa entre comisarios y curadores de los diferentes países participantes, que refuerzan la potencia del enunciado ¿cómo viviremos juntos?


La ciudad se ha enfrentado históricamente a numerosas renovatio, adaptándose, siempre abierta a evolucionar y prosperar. Se habla  sin embargo, desde hace tiempo, del fenómeno de despoblación que se está dando como resultado de la adopción del modelo turístico de masas, que asfixia a los venecianos con la falta de espacio y la subida de los precios que trae asociados. Es con este modelo con el que la ciudad ha funcionado los últimos siglos, y, el miedo a aceptar que el paradigma ha quedado obsoleto, la ha dejado cristalizada, empeñada en conservar las idealizadas postales de las pinturas de Canaletto compradas por los británicos del s. XVIII. El parón económico debido al vacío sufrido por la crisis sanitaria volvió a hacer palpable esta realidad; la Sereníssima necesita reaprender cuáles son sus valores fundamentales, y, tal como opina Settis, aplicar el arte de la reutilización y establecer límites a su monocultivo turístico.


Tampoco es ajena a situaciones de inestabilidad propiciadas por epidemias, de las cuales siempre se ha recuperado. Digna de mención fue la peste, pero también el cólera, que inspiró la creación de la novela que Visconti llevó célebremente a la pantalla hace 50 años, pero bien podría haberse grabado a principios de 2020, cuando el mundo se negaba a aceptar la situación que nos tocaría vivir y se resistía a parar la movilidad para no dañar la economía. Desgraciadamente, la realidad nos alcanzó y se tuvo que hacer un alto, lo que conllevó al aplazamiento o la cancelación de todos los eventos  de gran escala. Esta Bienal será uno de los primeros encuentros de este calibre que se celebre tras el estado de alarma, por lo que parece una casualidad poética que la fecha de cierre, el 21 de noviembre, coincida con la festividad local della Madonna della Salute. Fiesta en la que, cruzando un puente efímero - antiguamente formado por barcos - la distancia que separa San Marcos de Santa María della Salute, se conmemora la promesa del patriarca Tiepolo de erigir esta iglesia y peregrinar a ella cada año la fecha en que la ciudad quedó declarada libre de la peste en 1630. Con sus necesarias medidas de seguridad, la Biennale Architettura supondrá un paso hacia la notoria nueva normalidad, y su clausura se podrá considerar un nuevo triunfo de Venecia ante la adversidad.


Tenerife, febrero 2021

Sofía Piñero Rivero

CONEJOS SONRIENTES EN LA INCERTIDUMBRE

Mientras saco a las perras, pienso en qué escribir para la bienal en relación a la INCERTIDUMBRE y los usuarios. Son las 7 de la mañana y los conejos ya nos están esperando. Allí puestos, como enanos de jardín sonrientes, inmóviles en medio de un campo denso lleno de flores amarillas; intuyendo que lo humano está en crisis, disfrutan de la primavera más extraña que recuerdan sus especies. No todo es alegría en el reino animal: las ratas y los chimpancés de laboratorio mueren de hambre en sus jaulas. Mientras, los humanos también enjaulados, parece que bebemos: nuestro consumo de cerveza aumentó un 78% ya en la primera semana de confinamiento. La primavera ha comenzado pero nadie habla de ello: ni siquiera el Corte Inglés. Sin primavera y sin futbol, pero con alcohol, lo que nos une es cantar en el balcón, aplaudir a las 20.00 a los trabajadores y esporádicamente hacer caceroladas contra la Monarquía. El resto de asuntos mundanos se han reducido o han quedado aplazados; también el orgullo, las fallas, las procesiones, los juegos olímpicos, las oposiciones, la selectividad y el conflicto catalán porque el tema fundamental diariamente es la evolución de la curva y lo demás importa menos. Una mujer asesinada en casa pasa desapercibida cuando el coronavirus se cobra tantas muertes diariamente. El mensaje es #quédateencasa, aunque sea con tu maltratador. La violencia doméstica y el abuso infantil aumentan en el confinamiento y también los intentos de suicidio, las depresiones, los embarazos y los divorcios.

El aislamiento obligatorio no da muchas opciones si tu casa es solo un techo, sin luz y sin agua, si no tienes casa, si la compañía no es la deseable: el confinamiento muestra lo peor de nuestra sociedad. Fuera, un escenario distópico de calles vacías, bares y tiendas cerradas y autobuses con una o dos personas trabajadoras que no pueden dejar de hacerlo porque dependen del salario diario en negro para poder pagar un espacio, la comida y la lejía. Y es que huele a pasado: el tiempo se ha detenido dejando todo para el día después; la ciudad –lo genuinamente humano – parece haber retrocedido medio siglo con ese silencio bajo el cielo limpio, incluso estrellado por la noche: otra vez un espacio público sin mujeres, ni niños, y ahora sin ancianos. Hace medio siglo, ellas nos cuidaban en casa. Ahora, los afortunados estamos en casa, cuidándonos, pero con cuidado, a cierta distancia. Un metro de separación en las colas de la calle delante de los supermercados: cuando uno sale, uno entra y dentro, todos con mascarillas y guantes en una coreografía muda para evitar tocarnos, olernos y hablarnos en un espectáculo en el que todos estamos bajo sospecha: la tasa de delincuencia ha bajado a un 50% y es que no hay nadie a quien robar.

Los que no están en casa, o en la cárcel, o en los geriátricos, o en los psiquiátricos, están en los hospitales, en los hoteles medicalizados o a lo peor, en Ifema. El colapso de los sistemas sanitarios incluso en los países con lo más altos estándares de salud pública como el nuestro muestra nuestra ingenuidad al creer que controlábamos el curso del planeta. Según los grandes pensadores, el COVID-19 nos confronta con diversas posibilidades: socialismo para ricos, comunismo global, neocapitalismo proteccionista o bioeconomía sociocrática; ahí es ná. Lo que sí es seguro es que el coronavirus es un golpe al capitalismo y que nuestros políticos están más perdidos que un pulpo en un garaje. Teniendo toda la tecnología a nuestro alcance, no hemos podido prepararnos para este escenario ni para ninguna otra emergencias recientes, como los incendios forestales o el desastre de mi Mar Menor, que tanto me duele. Invertimos ingentes cantidades de dinero y de todo tipo de recursos, en armas de destrucción masiva para jugar a la guerra y no tenemos capacidad ni para imaginar otros mundos alternativos. Aquí estamos, en abril de 2020, nadando en la incertidumbre, sin saber qué hacer, pero sabiendo qué no hacer: en una España por fin sin toros y sin cacerías; y una Venecia, sin turistas, ni bienal, con peces y agua limpia: miro a los conejos y yo también sonrío.


Madrid, abril de 2020
Atxu Amann
Arquitecta. ETSAM + Temperaturas extremas arquitectxs 

CASANDRA EN EL BAILE DEL TITANIC

Vivimos en tiempos de incertidumbre como ya anunciaba el equipo ganador del comisariado del Pabellón de España en esta Biennale. Un equipo joven que supo ver, un año y medio antes de que se desatara la pandemia, cuál iba a ser la palabra clave de esta década que empieza: Incertidumbre.

Hemos cambiado de paradigma, esa frase mantra que tantos han usado en vano en innumerables ocasiones pero que por fin se ha hecho realidad.

Estamos ya en otro mundo, en una nueva realidad, en un mundo que estaba en éste pero que muchos gobernantes e instituciones no querían ver, y que sin embargo científicos, ecologistas, profetas iluminados y niños, niñas, nos anunciaban con claridad lo que estaba por acontecer. Solo desde la ciencia, o desde la inocencia, se proclamaban los peligros del planeta, de nuestro hábitat, pero los empeños necesarios para remediarlos, para detenerlos o mitigar el cambio climático, el calentamiento global, para evitar las nuevas pestes que nos asolan ya, eran, son, de tal de envergadura económica e implican una reestructuración tan importante de nuestra estructura de poder que muchos de los responsables, elegidos o autoelegidos, lo han negado violentamente descalificando esa realidad.

Perdimos la ocasión hace ya dos décadas por medio millar de votos y el formato confuso del diseño de unas papeletas de poder tener un mandatario de la entonces primera potencia que tuviera conciencia de lo que estaba pasando y estaba por acontecer y las fuerzas que lo impidieron bloquearon después toda posibilidad de actuación. Pero la responsabilidad no es de uno u otro país, ni de sus electores, ni de una y otra potencia y es curioso que sigamos utilizando aún estos términos. La responsabilidad es de todos nosotros, también de las arquitectas y arquitectos, que supimos ver a principios del siglo XX la necesidad de implantar unos principios higienistas en nuestro trabajo, la necesidad de que la Arquitectura construyera un mejor hábitat para la sociedad, con condiciones sanitarias que permitieran que la luz y el aire entraran en nuestras viviendas y que los espacios, las condiciones mínimas pudieran imperar en ella. Si bien esto se llevó por delante la riqueza y complejidad de la ciudad tradicional llena de otros valores y significados y caricaturizó en gran medida el espacio urbano en los nuevos barrios que se agregaron a ella.

En nombre del progreso y la modernidad dejamos que se destruyera nuestro patrimonio arquitectónico, en nombre del progreso en países de Oriente y de Occidente, en todos los confines del planeta se han producido transformaciones urbanas en las últimas décadas que no han dejado más trazas del pasado que algunos monumentos o templos, mientras que ha desaparecido todo el rico tejido secundario de las ciudades, sustituido por una arquitectura globalizadora, no ya un estilo internacional, sino su degradación consumista.

Cuando empezábamos a entender cómo esto se puede arreglar, recuperar y mejorar, y cómo la enseñanza de la historia, de la tradición y las necesidades de unas buenas condiciones de vivienda se pueden entrelazar sinérgicamente con el mercado inmobiliario, con la sociedad en que vivimos, cuando empezábamos a ver las ciudades desde una perspectiva de género y de diversidad soslayada hasta ahora e imprescindible siempre, llega la tan anunciada y no creída pandemia.

En los últimos meses se ha transformado el mundo y aún no somos conscientes de la profundidad de esta transformación porque la arquitectura que configura nuestras ciudades permanece, como si fuera el gran espejismo que nos hace pensar que todo sigue igual y que volverá a la situación precedente. Esa permanencia de la imagen de nuestras ciudades, en que los contenedores en que vivimos siguen inmutables nos hace creer que nada ha cambiado. Pero un sistema se compone de elementos y relaciones, y las relaciones entre nosotros han cambiado, entre nosotros y nuestro hábitat también, y reglas que casi podíamos decir que eran inmutables ya no están. Incertidumbre es la palabra que impera. No somos capaces de predecir el comportamiento de un elemento natural que no dominamos y estamos intentando mitigar sus estragos con la distancia y medidas higiénicas que no son suficientes y estamos, en muchos casos, negando lo que acontece para no poner en peligro la economía de nuestras ciudades, de nuestros países, emulando la Venecia de Thomas Mann.

Edward T. Hall, en su libro “La dimensión oculta”, nos enseñaba a los estudiantes de los 70s cómo las distancias sociales son culturales y, por tanto, la distancia pública y la íntima que imponemos a nuestros conciudadanos difieren según las culturas y países en que nos hallemos. La distancia de confort de un alemán con un desconocido, el tamaño de su burbuja personal pública, triplica la de un mediterráneo, no se sienten tan cómodos con ellos cerca como nosotros. Así el acatamiento instintivo de estas medidas de distanciamiento social obligatorio ha sido mayor o menor según éstas hayan afectado a los comportamientos proxémicos culturales que tuviéramos grabados.

El paradigma ha cambiado y hay una Nueva Realidad en que la incertidumbre es una de sus reglas principales. Tenemos que rediseñar nuestros espacios urbanos y nuestras viviendas para acometer los desafíos de esta nueva realidad. Lo virtual y lo real ya se han fusionado con el impulso de los hechos. Mi propia escuela de Arquitectura, la ETSAM de la Universidad Politécnica de Madrid, ya tiene un aula de Zoom superpuesta a cada aula real de su edificio; una gran parte de la población hace sus compras por Amazon u otras plataformas; cazamos animales virtuales desde hace años, el fenómeno que se plasmó en ese momento en que seres de una nueva mitología, los Pokémon invadieron el espacio de nuestras ciudades y movieron multitudes fue el primer evento mundial de fusión de lo real y virtual que ya se ha consolidado en lo común de nuestro día a día.

Real y virtual empiezan a ser uno. Hemos estado aislados en nuestras casas relacionándonos solo por imágenes como en la utopía del planeta Aurora descrita por el visionario Asimov. Nuestros estudiantes no solo tienen en cuenta los objetivos del desarrollo sostenible, sino que su propia experiencia confinada les está llevando a proyectar con esas nuevas vivencias. Ya no hablamos de Arquitectura en nuestra jerga, en nuestro idiolecto académico, sino que se está imponiendo el término alemán Baukultur, la cultura de la construcción del entorno habitado que se debe adecuar ahora a esta nueva realidad.

Cuando el equipo de comisarios de este pabellón planteó el tema de la incertidumbre de su generación fielmente simbolizada, en el proyecto original, en una nube de currículos profesionales distintos, pensaba en cómo la carrera había dejado de desembocar en una práctica única de la Arquitectura y se había transformado en una miríada de nuevos empeños. En cómo ese soñar los arquitectos y las arquitectas por la sociedad se podía hacer ahora desde muchos campos, antes inexplorados. Y ellos nos resumían esta situación generacional con la palabra “incertidumbre”, sin saber que estaba siendo profética, ya que estaban definiendo cómo se desarrollaría este año, esta década.

El sentimiento que muchos de nosotros hemos tenido las primera semanas de la pandemia, cuando todo nos auguraba ya lo terrible que está siendo, e intentábamos tomar medidas sensatas que eran descalificadas por alarmistas por algunos de nuestros colegas, era muy similar al de los científicos y pensadores que nos han estado alertando durante las últimas décadas sobre las implicaciones del calentamiento global, sobre los riegos de epidemias desconocidas y la necesidad de un desarrollo sostenible para poder conservar los recursos del planeta. Profetas de la verdad que como a la troyana Casandra nadie creía, nadie oía, en una sociedad que ha utilizado todas las músicas posibles, todas las orquestas del Titanic, para distraer a la población del desastre a que estaba encaminada si no se tomaban las incómodas medidas necesarias que no se querían afrontar.

Tenemos que estar vigilantes para que no nos pase lo que escribía mi añorado Ferlosio: Vendrán más años malos y nos harán más ciegos. Querido Rafael, cómo me gusta recordar tus siempre romanas palabras en una intervención en Italia…

Quiero creer que el cambio político que se ha producido, en los días en que escribo este texto, en uno de los major players contribuirá, junto con el impacto provocado en nuestras conciencias por la propia pandemia, a dar un golpe de timón en la vida de nuestro planeta y que dejaremos de sentirnos, todos los que modelando las consecuencias vemos la necesidad de una actuación política y profesional medida y profunda, como si fuéramos Casandra en el baile del Titanic.

Madrid, noviembre de 2020
Manuel Blanco
Catedrático del Departamento de Composición Arquitectónica
Director de la ETS de Arquitectura de Madrid,
ETSAM Universidad Politécnica de Madrid

 

INCERTIDUMBRE DIVULGATIVA: EL APRENDIZAJE LÍQUIDO

Muchos sistemas pedagógicos actuales se basan en aprendizajes extremadamente pautados que, aunque favorecen la inmediatez de resultados mesurables, relegan a un segundo plano la creatividad y el desarrollo individual. Las metodologías conductistas se caracterizan por convertir al estudiante en un mero ejecutor de instrucciones, despojándolo de toda responsabilidad con respecto a su propio proceso de aprendizaje y de la posibilidad de pensar “out of the box”. Como bien explicaba Albert Einstein “es un milagro que la curiosidad sobreviva a la educación formal”.

Existe un consenso entre especialistas como el Profesor Guy Claxon, con respecto a la obsolescencia de los métodos tradicionales de aprendizaje en relación con la sociedad actual. Ya en los noventa, el sociólogo Zygmunt Bauman introducía el concepto de “modernidad líquida”, referido al proceso intelectual que debe realizar el individuo para integrarse a una sociedad cada vez más global, maleable y carente de una identidad permanente. De esta manera, para dar respuesta a una “Sociedad Líquida”, en la que las estructuras sociales, las normas y los roles están en permanente transformación, es necesario promover un cambio de paradigma educativo. Debemos encaminarnos hacia un sistema en el que la adaptación al cambio y la incertidumbre sean entendidos como valores positivos, incluso necesarios para el afloramiento del verdadero talento y la inteligencia creativa. Por otra parte, los estudios sugieren que son las metodologías adaptativas y permeables, las que van más en concordancia con la naturaleza intrínsecamente expeditiva del hombre y con su afán de superación de límites y alcance de potencialidades.

En nuestra opinión, la incertidumbre, la indeterminación y el cambio son la materia prima de la creatividad y la imaginación. Como docentes, nuestro objetivo es dotar a los estudiantes de las herramientas necesarias para evolucionar en esta sociedad líquida e inestable, promoviendo la innovación y la experimentación constante. Es requisito indispensable, sin embargo, contar con la predisposición de dichos estudiantes a abrazar la incertidumbre e iniciar un camino hacia lo desconocido, fuera de su zona de confort. El mayor inconveniente que nos encontramos es que, en la mayoría de las ocasiones, provienen de los sistemas educativos rígidos y deterministas descritos al inicio del texto. Por tanto, la aplicación de metodologías abiertas precisa de una actitud proactiva por parte del receptor siendo, como todo proceso creativo, un camino bidireccional. En la mayoría de las ocasiones, es necesario desarrollar un proceso de desmontaje de prejuicios y constructos asimilados para favorecer la permeabilidad del sistema. En su “Manifiesto incompleto sobre el crecimiento” (1998), el diseñador Bruce Mau hace una férrea defensa de la incertidumbre como motor de los procesos creativos transformativos. Aboga por la experimentación y la aplicación de metodologías rupturistas que generen resultados impredecibles, que son los que posibilitan el avance en todos los ámbitos creativos, artísticos y científicos.

En definitiva, una sociedad líquida requiere de unos sistemas de aprendizaje flexibles, adaptables a los nuevos retos que se plantean día a día: desde los avances tecnológicos, los cambios geopolíticos, las coyunturas económicas, los vaivenes demográficos o las mutaciones socioculturales.

Madrid, febrero de 2021
Belén Butragueño Díaz-Guerra.
Doctora Arquitecta
Javier Fco. Raposo Grau.
Doctor Arquitecto
Mariasun Salgado de la Rosa.
Doctora Arquitecta

 

INCERTIDUMBRES / EL AMOR EN TIEMPOS DEL CORONAVIRUS

No tenemos distancia… No tenemos distancia. El conocimiento fijado y por lo tanto transmisible, implica conocer la distancia respecto del fenómeno observado. Sobre todo, si este hecho implica que la obtención del conocimiento es sobre todo un acto de medición. Medir, en consecuencia, para conocer y poder dejar huella, dejar huella para que otros puedan recorrer…

En ese devenir, se materializan dos actores: El observador y el hecho observado. Y una certeza: que el conocimiento de la distancia implica a su vez la existencia de un esquema posicional: Establecer la posición del observador respecto del fenómeno de observación. En la contemporaneidad cercana, la posición del observador es prioritaria. Desde la modernidad, la arquitectura, que es la disciplina que nos ocupa, ya no habla de su posición respecto del observador, sino que ese esquema se invierte, y es de la posición del observador de quien se ocupa la arquitectura…

El sistema de relaciones descrito define un campo, un campo disciplinar donde la arquitectura como disciplina de la proposición primero, y construcción después, del escenario de la vida de los hombres adquiere rasgos de estabilidad hasta la explosión de la primera crisis económica, social y política del año 2008. Es entonces cuando estallan o revientan los limites supuestamente definidos del mapa de la arquitectura y, en consecuencia, sus límites se ven alterados de forma irrevocable…

El campo disciplinar se amplía, y esa ampliación adopta la forma de un territorio fronterizo donde se producen intercambios, cesiones y colonizaciones. El comportamiento observable de estos fenómenos se reconoce como un espacio de transversalidad.

Conceptos vinculados a la arquitectura dejan de ser exclusivos de esta o simplemente se disuelven, y a cambio, cosas que antes no formaban parte de la arquitectura como disciplina redescriptora de la realidad pasan a serlo.

Este escenario define un mapa cambiante, donde en sus fronteras movedizas se ancla el debate cultural sobre lo que quiere ser a partir de entonces la arquitectura como correlato y constructo de la realidad.

Pero este escenario no aparece de forma paulatina, sino que la propia crisis es quien arroja nuestras certezas al territorio necesario de la experimentación.

El relato parcial de este intervalo sería el objeto de esta Bienal, si bien ese relato debería haberse mostrado como un proceso en marcha, como un escenario abierto, y de esa forma, como una imagen congelada, como una composición, de algo que está sucediendo.

En este discurso no se nos oculta, que, en cierta medida, el campo disciplinar duro, donde anidaban las certezas ha sido necesariamente abandonado. Y por lo tanto, es la crisis económica quien obliga a la diversificación y a la colonización de espacios transversales o fronterizos con la arquitectura, implicando simultáneamente el abandono del campo disciplinar estricto como hasta entonces se había considerado.

Por otra parte, esto provoca la eclosión de una nueva cultura que no considera la materialización física de propuestas construidas como tema central, produciendo un estado de indefinición del campo disciplinar.

Espacio de crisis, pero también espacio de oportunidad…

En este panorama, la política como teoría o arte de la organización de una sociedad queda desdibujada. Viejos personajes adquieren nuevos nombres, y los antiguos nombres pierden su significado para incluir matices no siempre sinceros. La confusión interesada entre gasto e inversión, o entre mercado y clase dominante lleva a un cambio conceptual donde por ejemplo el espacio de apoyo y certeza colectiva que los medios de información representaban, deja de ser un espacio fiable, y muta en territorio de creación de realidades alternativas. La “creatividad” se instala definitivamente en aquel lugar que debió ser propiedad de lo objetivo.

El ejercicio de la arquitectura en el marco legal español se mantiene como una profesión extraordinariamente reglada, y aparecen discursos reivindicando arquitecturas de la modestia y de la austeridad como reacción a los fastos económicos anteriores al 2008.

Muchos arquitectos españoles emigran a países extranjeros, pero también emigran a disciplinas transversales, y era precisamente ahora cuando estos profesionales empezaban a regresar con el bagaje adquirido en sus periplos vitales.

La historia parcial de como este retorno a realimentado a la forma de pensar, ejercer y hacer arquitectura en España, está contenida en la selección del pabellón, y ese relato se hubiera desarrollado como una revisión de lo sucedido recientemente pero también como una promesa para lo que habría de suceder a partir de ahora. Uso intencionadamente el tiempo condicional porque todo se ha roto, La pandemia del Covid 19 nos ha resituado como los personajes de Los Cantos de Hyperion, serie de novelas de Dan Simmons, donde los personajes viajan a un remoto planeta donde se encuentran unas tumbas que se mueven hacia atrás en el tiempo y que por lo tanto se abrirán inexorablemente. Asistir a ese acontecimiento motiva el viaje y los relatos que se producen…

Somos peregrinos porque seguimos las huellas de otros que nos antecedieron, pero al igual que los personajes que se han mencionado no sabemos realmente a donde nos dirigimos…

Abundan estos días las propuestas sobre como afectara esto a la arquitectura… Muchas de estas propuestas reivindican valores espaciales y de complejidad respecto del espacio doméstico. Pareciera que hemos olvidado el proyecto de la vivienda como lugar experiencial y haya sido esta pandemia quien nos lo ha recordado violentamente.

Simultáneamente a este redescubrimiento hemos perdido el espacio público como espacio de relación y celebración, tanto desde el uso lúdico como el reivindicativo. Nuevas métricas, nuevas distancias y nuevas medidas nos resitúan como individuos en el espacio físico y como sociedad en el espacio virtual.

No tenemos ni posición ni capacidad para medir el escenario en que nos encontramos inmerso. No tenemos aun capacidad para fijar conocimiento…

Por fortuna, la arquitectura siempre ha estado dotada de instrumentos capaces de reinventar el tiempo venidero. El trasvase de conocimientos a través del territorio fronterizo descrito, nos ha enseñado a diseñar las respuestas al tiempo que las preguntas y a construir las herramientas al tiempo que redescribimos la realidad…

Las Palmas de Gran Canaria, abril de 2020
Manuel J. Feo Ojeda
Doctor arquitecto
Profesor de Proyectos Arquitectónicos en la ULPGC

Imagen: Belén Rodríguez González. Arquitecta

INCERTIDUMBRES / EL AMOR EN TIEMPOS DEL CORONAVIRUS
INCERTIDUMBRE ECONÓMICA

Hablar de incertidumbre económica en abril de 2020 es una responsabilidad demasiado grande para cualquiera, y mucho más para mí.

Hasta hace unos meses, reflexionar sobre la “incertidumbre” y la “economía” en un estudio modesto como el nuestro, era como hacerlo sobre esos compañeros de viaje que siempre van contigo, y sin saber realmente quién les ha invitado, acaban protagonizando muchos de tus recuerdos. Su presencia es tan marcada, que de manera indirecta definen las etapas de tu vida adulta. En muchas ocasiones, he sentido la tentación de escribir sobre episodios especialmente traumáticos, vividos en algunos de nuestros proyectos más querido, en los que situaciones dantescas crearon en mí  la necesidad de darle al asunto una mirada épica terapéutica, que me sirviera de estrategia de aceptación de tanto sinsentido. Sin embargo, la fuerza del resultado y la absoluta falta de tiempo, acaban siempre por enterrar el desazón y disipar mis aspiraciones periodísticas y justicieras.

Quizás la historia de un estudio como el nuestro, podría contarse desde la búsqueda creativa de ese equilibrio inestable, entre la supervivencia del día a día, con sus incómodos e interminables problemas logísticos y económicos, y la redefinición continua de nuestra propia identidad.

Grupo aranea nace en 1998, y crece en una España marcada por la euforia especulativa. Recalificaciones, planes parciales, hornadas de proyectos de segunda residencia…un desfile de oportunidades sin límite para un enriquecimiento fácil e inmoral.  Ante este espectáculo, aranea decide emprender otro camino, y con la fuerza de la juventud y la ingenuidad, nos lanzamos a hacer concursos de arquitectura. Tras conseguir varios premios y cierto reconocimiento, ajenos a cualquier pensamiento práctico empresarial, nos autoerigimos como luchadores por el paisaje y sus gentes, iniciando en 2006 uno de los proyectos participativos de concienciación social que más satisfacción nos ha dejado: Los talleres pH_paisajes Habitados. La aventura de inventarse una metodología para buscar estrategias proyectuales surgidas de los diferentes paisajes de nuestro territorio, y reforzara así la identidad de cada lugar,  trabajando junto a sus habitantes en este proceso, en un momento en que la participación ciudadana era un entelequia, todo ello, sin encargo, ni financiación de ningún tipo, muestra bastante nuestra manera  un tanto inconsciente de enfocar situaciones de cierta incertidumbre económica. Este rumbo, tan dudoso desde un análisis económico básico, ha sido y será uno de los motores de nuestro grupo. Y a día de hoy, sería incapaz de justificar de manera sencilla a mis colegas ingenieros este planteamiento (aún recuerdo al primer “teleco” con el que colaboré allí en el año 1999, que me trasmitió la clave de su éxito: sólo empiezas a ganar dinero cuando haces el mismo proyecto más de 3 veces. 21 años después, puedo demostrar que jamás he conseguido hacer dos proyectos ni parecidos).  

En 2008 llegó la gran crisis económica, que para nosotros fue una continuidad de lo mismo: sobrevivir gracias a estructuras flexibles de trabajo y redes colaborativas, la incertidumbre como motor de activación, fortalecimiento de los proyectos internacionales, multidisciplinaridad de enfoques y áreas de trabajo…es decir, no acomodarse, ni perder de vista los principios que nos llevaron a crear grupo aranea.

Hace 10 años fuimos padres por primera vez, y aunque esto no se lleva bien con la incertidumbre económica, he de decir que el entrenamiento previo, y las hormonas en mi caso, equilibraron los desajustes y posibles crisis derivadas de nuevos episodios épicos que nunca relataré.

Hoy vivimos la incertidumbre mayor que jamás imaginamos, y me alegro de ser ya una persona de cierta edad y experiencia. Desde hace 43 días, me levanto rodeada de mi familia y hago lo que he hecho siempre, trabajar con ilusión y con optimismo, mientras veo como dos cernícalos que no había visto jamás, se aproximan cada vez más a mi terraza.

Alicante, abril de 2020
Marta García Chico
Ingeniera Agrónoma

Fundadora de Grupo ARANEA

INCERTIDUMBRE DE LA DIVULGACIÓN

Le Corbusier lo sabía. Estaba seguro que debía difundir sus obras para que la mayor cantidad de gente posible las conociera, tenía que usar todos los medios a su alcance para transmitir sus ideas por todo el mundo, porque creía en ellas y pensaba que iban a mejorar la vida de los seres humanos.

Durante todo el siglo pasado, la arquitectura se dio a conocer gracias al papel, el que conformaba revistas y libros donde se publicaban excepcionales descripciones literarias y el de los grandes diarios que acogían críticas influyentes, que llegaban a numerosos lectores; los arquitectos también descubrimos los espacios arquitectónicos mediante el papel sobre el que se imprimían planos, dibujos y fotografías, en ediciones especializadas.

La mayoría de estas revistas de arquitectura empezaron a publicarse a finales del siglo XIX, cuando también comenzaron las proyecciones cinematográficas, sin embargo, la imagen en movimiento no fue empleada para divulgar la arquitectura hasta años después y casi siempre de forma más limitada, entre otras razones, porque las películas solo podían verse proyectadas en las pantallas de los cines, hubo que esperar a que la televisión se infiltrase en nuestras casas, para que se realizaran más documentales, aunque casi siempre su carácter meramente divulgativo les hacia olvidar los aspectos que más le importaban a los arquitectos. Es contradictorio que aunque el movimiento es fundamental tanto en la arquitectura, como en el cine, este último no lograse interesarle tanto a los arquitectos como la representación estática de las edificaciones sobre el papel impreso.

Lo cierto es que en las últimas décadas la arquitectura está menos circunscrita a los ámbitos de difusión profesional y se menciona más en los medios de masas, incluso en el cine, la gente conoce más nombres de arquitectos y algunas de sus edificaciones, sobre todo si son monumentales, pero eso no significa que sean los más interesantes, porque siempre consiguió mayor difusión quien tuviera mas poder y recursos económicos, por eso los profesionales más conocidos son las llamadas estrellas  de la arquitectura, como las estrellas cinematográficas que eran el reclamo para que los espectadores acudieran a las salas, obviando que los principales responsables de las películas son sus directores.

Afortunadamente todavía persiste la incertidumbre, que consiste en no tener una noción segura y clara de algo, y esa falta de certeza debe conducir a un escepticismo que, como escribió Diderot, es el primer paso hacia la verdad, la duda se convierte en el principio del conocimiento. Una incertidumbre que existe en Internet, debido a su casi infinita variedad de opciones que caben en el gran divulgador de todo lo existente, incluso de la arquitectura. Esta enorme complejidad tiene la gran ventaja de permitir infiltrarse en los espacios más transitados, logrando mostrar las propuestas arquitectónicas más innovadoras e interesantes.

Hoy como entonces, Le Corbusier hubiera empleado también todos los medios a su alcance, pero debido a su dogmatismo, incompatible con la incertidumbre, es muy posible que sus propuestas no habrían logrado la misma divulgación que entonces.

Santa Cruz de Tenerife, marzo de 2020

Jorge Gorostiza
Arquitecto e investigador cinematográfico

 

INCERTIDUMBRE TECNOLÓGICA

El pensarnos como especie, implica vernos cinco millones de años atrás y reconocer que tan solo una mínima parte posee características similares a las actuales. Un elemento común de los momentos claves tiene que ver con las tecnologías disruptivas.

Solamente el labrar la piedra, el pasar a la tecnología lítica, nos permitió cazar a distancia y marcó una supremacía sobre los animales, además de proveernos de una proteína fresca que logró que nuestro cerebro evolucionara hasta lo que es ahora. Las habilidades se clasificaron, se generó la división del trabajo, nos vimos controlando la naturaleza, y domesticando plantas y animales. Las ciudades nacen con el afán de fundar el sedentarismo dándole un asidero espacial a toda esta nueva teoría y práctica de un orden territorial, económico y social. Distinguiéndose de la periferia, en donde se alojaba la incertidumbre y la barbarie.

Gracias a la imprenta, se romperá el control del conocimiento y por tanto del pensamiento y, por ende, del desarrollo intelectual. Los libros serán el germen de un forma de transmisión en red y una tecnología disruptiva más.  Con la Revolución Industrial, empezamos a producir realmente en serie y en grandes producciones, lo que configuró una división radical de roles, clases, economías, continentes y países, y con esos recursos nos enfrentamos como humanidad a dos guerras mundiales, y a una guerra fría que, sin pretender justificarlas, fueron un enorme impulso de la aplicabilidad de la tecnología—esa tecnología disruptiva—a lo bélico y luego a la cotidianidad. La disrupción de la tecnología ha provocado que reorganicemos los sistemas productivos en aras de un propósito casi siempre indiscutible, llevarnos el pan a la mesa, con seguridad y a través del control de la naturaleza—producción—y un determinado progreso basado en lo cuantitativo antes que lo cualitativo, o bien saltos que nos permitieron potenciar la difusión del conocimiento. 

La tecnología digital es una tecnología disruptiva que ha llegado para, en menos de 20 años, habernos provocado cambios en sistemas productivos, de conocimiento y sociales como no los habíamos tenido nunca. 

Venimos con un sprint que pasó las investigaciones de ARPAnet a la web 3.0 en menos de 4 décadas.

Y todo esto a la vez y con un mensaje de alerta de sobrepoblación mundial y la crisis de los recursos naturales que empieza a afectar dramáticamente a los órdenes sociales y políticos en una desestabilización nunca antes vivida.

Los cambios productivos y sociales que ha provocado la tecnología digital nos han conducido a una modernidad líquida, en palabras de Bauman, en la que vemos escurrirse en nuestras manos toda nuestra cotidianidad. Toda la estabilidad y la seguridad se ha volatilizado en un par de décadas, ojo, no se ha esfumado.  Está, todos los valores que teníamos antes siguen presentes, solamente que han adquirido una condición de volatilidad, un cambio de naturaleza de perdurabilidad que los vuelve inestables, cambiantes y, en medio de esa circunstancia, nos vemos abocados a aprender a vivir en la incertidumbre. Y esto solo es posible, repensando los procesos.

Esto nunca antes había sucedido.

Y ahora, toda la seguridad, perdurabilidad y estabilidad por la que habíamos trabajado como especie por centenares de siglos, se ve atentada por una pandemia en la que el orden biológico y la naturaleza nos están explicando que los equilibrios se han roto. 

En una de las últimas entradas a su blog, José Saramago (2013) acentuaba que no hay necesidad más grande en estos momentos que pensar, hacer filosofía, Replantear la comprensión de esos procesos. El peligro más grande, de no hacerlo, es que nos hacemos dogmáticos de la opinión fast food, según Marina Garcés, fenómeno muy de Redes Sociales, y eso nos convierte en un rebaño políticamente muy manejable y socialmente muy dependiente.  El neoliberalismo de esto sabe mucho y ha sacado partido al máximo. Sin embargo, en profesiones y oficios como el urbanismo y la arquitectura, se está aún trabajando en una total reinvención, en una adaptación de las reflexiones y los referentes convencionales que habíamos mantenido por mucho tiempo, empezando por la del pensamiento. Es entonces donde cabe la pregunta:

 ¿Cómo viviremos juntos?

Y las potenciales respuestas, desde hace tres meses, buscan otros senderos, con una escala global y en una dimensión mayúscula. Slavoj Zizek, recurre a la globalización como máximo éxito del neoliberalismo, para explicar que lo que hasta ayer era el gran logro de todo el sistema de poder del mundo, en menos de un trimestre ha demostrado ser probablemente parte, si no de la causa, si de la expansión de la pandemia en la que estamos sumergidos y no terminamos de ver la salida. Mientras Byung-Chul Han argumenta que la obediencia y la vigilancia de los regímenes orientales en una cultura autoritaria probablemente están siendo la diferencia para contrarrestar la pandemia, lo cual asevera la caducidad del sistema imperante y el afianzamiento de la incertidumbre, una característica que nos obliga a enfrentar el futuro con mayor desazón. 

 

Alicante, abril de 2020
Mario Hidrobo
Facilitador de conciencia territorial

Ex arquitecto

 

¿CÓMO DIBUJAR UNA MEDUSA?

Aprendiendo a convivir con la incertidumbre.

El siguiente texto, escrito desde el confinamiento en una casa abierta al mar Mediterráneo, no esta relacionado con la actual pandemia por Coronavirus. Tampoco pretende establecer ninguna analogía con la insostenible precarización de la Arquitectura en España previa a esta crisis mundial. Este texto no es más que una breve descripción de los acontecimientos posteriores a la primera pincelada y la constatación de que el medio: el papel y su correspondiente porción de cielo, es siempre protagonista del proceso.

Las medusas, también llamadas aguamalas, malaguas, aguavivas o lágrimas de mar, son criaturas de agua que no puedo dejar de dibujar.  Inundan mis cuadernos sin requerir explicaciones. Se limitan a fluir.

Una reflexión sobre este compulsivo proceso creativo podría ayudar a explicar como

gestionamos la complejidad en nuestros proyectos, como aprendemos a trabajar con la incertidumbre a través de sistemas abiertos y ajustables.

¿Cómo dibujar una medusa?

¿Cómo acotar un croissant?

Saltémonos la elección del papel y del pincel, la preparación del color, la carga de pigmento… Olvidémonos por ahora de las influencias que tendrán los restos de pigmentos que acaban tiñendo los pozos de mezcla de nuestra caja de acuarelas o la enturbiada agua donde sumergimos los pinceles para cambiar de color.  

Centrémonos en el momento en el que el pincel entra en contacto con el papel.

A partir de ese primer impulso, de esa primera decisión intencionada, provocamos  

la primera inundación en el papel y con ella iniciamos la transformación topográfica.

Esta larga pincelada producirá una reacción orgánica que cambiará las condiciones del soporte.

Mientras seguimos deslizando el pincel, causando nuevas inundaciones, comprobamos como el soporte se va transformando. Emergen nuevas colinas y se forman nuevos valles que hacen fluir los pigmentos.

Por momentos somos meros observadores de estos ríos y lagos de color, solo después de haber reconocido las nuevas dinámicas que nuestras acciones han provocado, estaremos en condiciones de volver a tomar otra decisión intencionada.

Esta sucesión de decisiones intencionadas condicionadas por las reacciones orgánicas del medio es la manera con la que abordo la acuarela de una medusa. Como dibujo agua con agua.

O como lo define Gilles Clíment, en El jardín en movimiento: “Adscribirse a la corriente biológica que anima el lugar y orientarla”.

Alicante, abril de 2020

Francisco Leiva
Doctor Arquitecto

Fundador Grupo ARANEA

¿CÓMO DIBUJAR UNA MEDUSA?
ARQUITECTOS SIN FRONTERAS-ARQUITECTOS SIN MEMORIA EN TIEMPOS DE INCERTIDUMBRE

La palabra anomia, conocida desde la antigüedad, permitió describir dos tipos de problemas: una de sus versiones describe una anomalía en el funcionamiento de la memoria; la otra, el problema central de la democracia en la fase en la que se produce el olvido y el desprecio de las normas y de su significado original.

La anomia, como manifestación de un desorden y desviación de los sistemas sociales (Durkheim) y, especialmente, como disociación entre las reglas que rigen la cultura y el acceso de los sectores sociales a los medios culturales (Merton), ha cobrado una dimensión nueva en las sociedades democráticas avanzadas, con una imagen propia en España. El arte —que hoy toma como sujeto de reflexión el espacio en todas sus vertientes: paisaje, medio ambiente urbano, arquitectura, ámbitos domésticos—, la arquitectura y el urbanismo, se postulan como hipotéticos referentes para sancionar, proponer o legitimar los más cuestionables proyectos, las más agresivas intervenciones y las más insensibles de las propuestas. Su verdadera coartada en el sistema cultural actual es ocupar el importante espacio vacío derivado de la ausencia de objetivos políticos culturales como deseos y esperanzas de los miembros de la sociedad. También se beneficia de la ausencia de normas que prescriban los medios que permitan a las gentes acceder a esos fines y del reparto de estos medios (Merton).

La cultura, y especialmente el arte y la arquitectura, trabajan en la actualidad para simular hipotéticos proyectos que la política solamente pondrá en práctica por razones de oportunidad, y se han convertido en elementos de distracción que permiten olvidar los objetivos urgentes relacionados con la sociedad, la naturaleza, la cultura y la ciudad como lugar de la vida contemporánea.

En el momento actual, la arquitectura es la suprema distracción: los objetivos profesionales y algunos arquitectos, han conseguido a su vez ocupar el lugar de interlocución de poderes establecidos —políticos y económicos—, realizando para ellos la labor de proponer ilusiones colectivas —las ilusiones necesarias (Chomsky)— y de justificar actuaciones, medios o fines. El viejo sueño de los arquitectos de las vanguardias del siglo XX de convertirse en interlocutores de calidad de los poderes —los estados y/o los gobiernos— se ha cumplido en una versión contemporánea del sueño que Platón propuso en la antigüedad, en el que los filósofos asumían el papel de consejeros de calidad de los tiranos…

Y teniendo en cuenta el logro alcanzado, la profesión ha comenzado también a recibir el cometido de explicar los fenómenos territoriales afectados por sus propias actuaciones individuales y colectivas, convertidos así los arquitectos y sus obras en sujeto y objeto de todo relato contemporáneo. Así ocurre con las actividades culturales, debates y publicaciones promovidas por los colegios profesionales, en los que se da cuenta de problemas como si fueran ajenos a la profesión. Convertida así en epifenómeno, la arquitectura ha devenido finalmente ella misma en problema. Su olvido de sus propios orígenes, su amnesia respecto a la finalidad fundamental de su misión, el descaro con el que se describen irregularidades en las que la arquitectura es el pretexto como si provinieran de otros contextos la convierten en la versión más definitoria de la perversión del modelo de democracia a la española.

En las primeras definiciones del subdesarrollo, los grandes destrozos y transformaciones producidas por actuaciones ingenieriles eran producidos por las grandes corporaciones con la finalidad de obtener, producir o transformar materias primas, como parte de un proceso de transformación de sistemas económicos y formas de vida. En la actualidad, la destrucción obedece a un fin desconocido para todos, para sus productores, para sus beneficiarios y para el conjunto de la sociedad. La destrucción actual sólo es arquitectura.

...

Este breve y duro texto fue escrito hace doce años con ocasión de los efectos devastadores que la crisis económica había provocado en la estructura productiva del país y de manera especial en la arquitectura y sus sectores asociados. Aparentemente, esta catástrofe no sirvió para identificar sus causas ni para introducir mecanismos de corrección.  A pesar de la contundencia de los argumentos, el objetivo de este mensaje fue recordar los aspectos más significativos de la contribución que la arquitectura ha realizado al cambio operado en las sociedades contemporáneas en virtud de la transformación de las nociones de ciudad y producción arquitectónica prestando servicio a los requerimientos de las sociedades complejas del siglo pasado.

Ya se venía demandando desde varias décadas cambios sustantivos en la concepción de la materialidad de la arquitectura en términos de su implicación y efectos en el cambio climático. Por otra parte, los requerimientos derivados de la reutilización de las arquitecturas del pasado representan un reto significativo como parte de estos argumentos. Y a todo ello se añade ahora la primera reclamación de una arquitectura inteligente con medidas para combatir las eventuales pandemias que, tal como suponen los científicos, podrían sucederse los próximo años.

"Incertidumbre", la palabra escogida para significar el momento de la profesión en la actualidad ha sido una elección reveladora que arroja luz sobre los procesos en los que debería proyectarse la colectividad y específicamente los sectores profesionales altamente especializados que deben transformarse inexcusablemente a raíz de las denuncias formuladas como manifestaciones de las causas de las crisis actuales. Entre ellas, tres se identifican como determinantes: la inestabilidad del modelo económico del denominado "Estado servil" (Belloc), que avanza inexorablemente en el incremento de las condiciones de desigualdad a nivel planetario; la amenaza real del fenómeno del cambio climático, desoído y negado desde hace décadas; y ahora, la amenaza también conocida desde décadas del fenómeno de las pandemias, que ha sido el detonante de la paradójica realidad de hoy: un invisible organismo biológico gobierna las decisiones a escala planetaria. La ciencia es ahora por fin la responsable de ordenar los procesos como únicos consultores de gobiernos y países.

¿Existe una arquitectura científica? Este argumento definió las principales preocupaciones de la arquitectura internacional tras el periodo convulso de la Segunda Guerra Mundial. La biónica, la arquitectura ecológica, la investigación en materiales y soluciones estructurales, también los estudios de procesos productivos en arquitectura guiados por la noción de economía total, o las arquitecturas de emergencia, entre otros argumentos, cobraron en este periodo un interés antes desconocido en la historia de la arquitectura. La voluntad de pertinencia que había presidido las iniciativas de la arquitectura moderna con la aspiración de alcanzar una posición de legitimidad como un activo imprescindible en las transformaciones necesarias de las sociedades contemporáneas aparece ahora como un horizonte que podría guiar una línea de reflexión para orientar la recualificación de la arquitectura. La razón por la que la ciencia es ahora la imprescindible guía que programa las acciones del presente es su procedimiento asociado a la capacidad de autoevaluación de sus métodos y procesos y sus rangos de eficacia asociados a los modelos de trabajo en red, en la que se integran todas las especialidades cuyos saberes son imprescindibles para alcanzar resultados. 

La noción de certidumbre hace referencia al principio conceptual en el que cualquier fenómeno que no es susceptible de verificación y justificación queda excluido de los procesos de reflexión y de los objetivos de actuación. Es seguro que la arquitectura debe encontrar sus propios métodos de transformación a través de un proceso de revisión en el que el primer escenario a transformar es la propia enseñanza de los nuevos profesionales. Las escuelas de arquitectura pueden ser el primer laboratorio en el que reformar la profesión convirtiéndolas en escenarios de reflexión sobre la necesidad de atender a las tres emergencias del momento. El futuro de la profesión permite el encuentro de generaciones a través del proceso del diseño de la formación de nuevos titulados. Pero sobre todo el futuro de la arquitectura está abocado a una redirección en términos científicos y de investigación alejados de la injustificada preeminencia de los objetivos del consabido manierismo narcisista que ha agotado el más relevante caudal de sus necesarias aportaciones.

Santa Cruz de Tenerife, enero 2021
Maisa Navarro[1]
Catedrática de Historia del arte de la Universidad de La Laguna

[1] La primera parte del texto apareció con el título de Arquitectos sin frontera-arquitectos sin memoria en la colección de ensayos editada por Fernando Estévez y Mariano de Santa Ana en 2008 en el libro que con el título de "Paisaje y esfera pública", fue publicado en coedición por el Centro Atlántico de Arte Moderno de Las Palmas y la Demarcación de Gran Canaria del Colegio oficial de Arquitectos de Canarias. 


UNCERTAINTY

El Antropoceno podría definirse como la era de la incertidumbre, de la nueva sociedad-modernidad líquida. Por primera vez el ser humano, por encima de la Naturaleza, es capaz de alterar el Planeta; de manera directa e indirecta, de modo consciente y peligrosamente inconsciente.

Estas metamorfosis nunca experimentadas antes, generan cambios muchas veces inesperados y poco predecibles: incontrolados. Este escenario se mueve a gran velocidad, la herramienta de lo digital, que genera cambios y alteraciones con una frecuencia casi continua, haciendo inútiles predicciones, modelos y visiones.

Esta falta de certeza casi absoluta del devenir incorpora en la ecuación otros dos factores: tiempo y límite.

Tiempo entendido como material, un material para construir propuestas y acciones que obliga a olvidar lo perfecto, lo cerrado, lo acabado. Todo lo terminado se diluye en la incertidumbre que lo vuelve obsoleto con cada segundo. El material–tiempo destroza el objeto, significado y entendido como ese deseo platónico de lo absoluto, del reino de los dioses, del sueño del creador. No existe por tanto la arquitectura perfecta, la obra eterna que se mantiene firme frente a los temporales del mundo[1]; sino el proceso que convierte lo arquitectónico en lo que necesita ser en cada instante, en cada mutación. La incertidumbre convierte la arquitectura en una marea continua de oportunidades para pensar en lo próximo imprescindible, soñar la utopía deseable, y programar la cercanía en un proceso flexible de idas y vueltas que autoajuste la respuesta necesaria al momento preciso. Herramientas diferentes para procesos y escenarios inéditos.  

El espacio de esta nueva era, de esta nueva realidad en la que las certezas no nos sujetan ya al mundo, es el limes, esa condición limítrofe y fronteriza que constituye nuestro signo de identidad[2], donde ocurren los descubrimientos de lo desconocido y el intercambio entre esto y lo otro, entre lo que es y lo que será o podría haber sido; el territorio donde lo arquitectónico precisa navegar para encontrar esa nueva arquitectura de lo desconocido por venir. El límite es siempre el espacio de la investigación, de la expedición, el lugar entre la naturaleza y el mundo; ese espacio que según Eugenio Trías constituye nuestra propia condición y ha de constituir por tanto la de nuestra propia arquitectura. Un sendero dinámico que debe trazarse conforme a nuestro incierto itinerario, en un proceso abierto y adaptable que permita la flexibilidad de la transformación y la reutilización de lo posible.

El límite no es sino el vacío aun por definir, donde todo puede ocurrir y los procesos de transformación pueden ser continuos si precisan serlo.

Madrid, abril de 2020

n’UNDO

[1] Inscripción en los muros del castillo de Loarre y en la casa de Peter Behrens en Dortmund

[2] Trías, Eugenio. Lógica del límite. Ed. Destino 1991.

«ME GUSTARIA CREER QUE LA LUNA SIGUE AHÍ CUANDO NO LA ESTE MIRANDO»

Esta frase a modo de protesta la escribió Albert Einstein en respuesta al enunciado denominado “Principio de Incertidumbrede Werner Heisenberg en 1925 en la que estableció el marco teórico científico de los hallazgos cuánticos a partir del sentido crucial que se desprende de la frase: “El observador influye en la realidad que esta observando”. Este hallazgo sorprendente de la física cuántica ha sido determinante en la interpretación de la realidad desde diferentes esferas y disciplinas.

Así nos lo relata desde la narrativa Estrella de Diego bajo el título “Travesía por la incertidumbre”, donde cuestiona el sistema de certezas en la que la cultura de occidente ha conformado su pensamiento y el sistema lógico y metafórico que ha impuesto al mundo. Relato donde se plantean la posibilidad de abordar el mundo y sus peculiaridades de forma alternativa a través de miradas y voces dispuestas a entender que el mundo nunca esta dicho. Cada travesía implica poder contar de nuevo las historias desde la vulnerabilidad misma del relato, incluso del estilo. Semejante determinación la reivindica bajo el prisma de la poesía Manuel Padorno en sus textos: A la sombra del Mar 1961, Desvió hacia otro silencio 1996 y Hacia otra realidad 2000.

La incertidumbre también ha sido un recurrente destacado en estos últimos años en la Arquitectura como se verifica en las atentas y delineadas crónicas de Luis Fernández Galiano tituladas “Tiempo de incertidumbre” que bajo el epígrafe “Años Alejandrinos 2000-2006”, pretende retratar las vicisitudes de la Arquitectura y su fragilidad producida por los conflictos en ese periodo. O en la manifestación de Rafael Moneo “La arquitectura atraviesa un momento de absoluta incertidumbre”   (El Correo Gallego, tendencias 2013) en ocasión de la valiosa exposición retrospectiva de su obra inaugurada en la Fundación Barrié A Coruña 2013 y sucesivamente ampliada en varias sedes hasta el Museo Thyssen-Bornemisza 2017 en Madrid. En ambos casos la natural vocación de la búsqueda de las certezas en la arquitectura motiva un discurso desde el convencimiento critico de su resultado, evidenciado a través de su apariencia y por tanto incierta.

Dada la prolífica  utilización actual de este termino de la incertidumbre incluso en la arquitectura y de las ricas y sugerentes interpretaciones, cabria  preguntarnos si nos referimos  al mismo concepto o principio  y si seria necesario desde  unas coordenadas estrictamente lingüística precisar su utilización para  no confundir la “incertidumbre” con sus acepciones bien desde la duda, inquietud o recelo; de  la “incerteza”, caracterizada por lo simulado o aparente, de lo inconstante o inseguro y de lo  ignoto.

Parece evidente las diferencias entre  Incertidumbre e incerteza, Por ello la arquitectura debe precisar con mayor nitidez estos matices y reflejar cómo la incertidumbre es parte inherente a su proceso de diseño, a la optimización de describir situaciones, lugares y agentes , en la validación y verificación del modelado y materiales de construcción o como dispositivo creativo. De esta precisión   la incertidumbre se reconoce y es entendida como una motivación humana, dado que su fuente nace de contraponer conductas a los valores y cualidades desde su complejidad. Por ello resulta renovador la afirmación de Bernard Tshumi en 1995 al distanciarse del texto canónico de R. Ventury, cuando afirma: “La complejidad de la arquitectura comienza con la imposibilidad de cuestionar la naturaleza del espacio y a la vez construir o experimentar un espacio verdadero”.

Estando acostumbrados en arquitectura a la ejecución de certezas (exigidas social y políticamente) debemos de velar, desvelar y revelar que estas nacen de la duda, de la inquietud o del recelo y estos son argumentos imprescindibles de la incertidumbre de lo real.

Contraste de Incertidumbres desde lo incierto, mundos diversos, que se recomponen y conforman, como alternativa en sus extremos, al necesario Paisaje de incertidumbre de W. Heisenberg. La realidad es una construcción, una interpretación, es conflictiva. La verdad es una interpretación consensuada, pertenece a un tiempo y un lugar, a una cultura, a una sociedad determinada. Es mutable, cambia. Las reflexiones y ensayos del filósofo Richard Rorty, la psiquiatra P. Castoriadis, el geógrafo F. Farinelli y del educador E. Morin, entre otros, ofrecen un mapa dinámico al respecto. Dinamismo inquieto también expresado por Rogelio Salmona en su texto “Arquitectura y Creación. De los principios de incertidumbre a la incertidumbre de los principios”.

El nexo entre estos mundos debe presentarse reflejado y refractado por la incertidumbre publica y política frente a su obstinada obsesión por la certeza, esta es a la postre el efecto y la causa de seguir mirando a la Luna y a las estrellas, aunque no queramos.

P.D.: …a la pregunta: ¿Cómo viviremos juntos? ...después de lo acontecido, a cierta distancia o proponiendo desde la incertidumbre la revisión del espacio íntimo, personal, social y público.

Santa Cruz de Tenerife, abril de 2020
Juan Manuel Palerm Salazar.

Dr. Arquitecto Catedrático de Proyectos Arquitectónicos ULPGC

«ME GUSTARIA CREER QUE LA LUNA SIGUE AHÍ CUANDO NO LA ESTE MIRANDO»
CUANDO LAS CASAS SE CONVIRTIERON EN CIUDADES

Hasta la primavera de 2020, momento en el que se decreta el estado de alerta global debido a una pandemia cuyo origen fue la rápida propagación de un virus que nació en una población china, las ciudades se habitan mientras que las casas son lugares de paso.

Desde ese momento se produce un cambio de paradigma; un punto de inflexión. El obligado confinamiento al que se ve sometido más de un tercio de la población mundial provoca que las ciudades, los únicos espacios capaces de albergar –hasta ahora- todos nuestros imaginarios, se vacíen inesperadamente, de un día para otro y sin previo aviso. Las grandes infraestructuras del territorio, pero también calles, avenidas, edificios públicos, comercios y parques dejan de ser utilizados por unos usuarios-ciudadanos que desaparecen del paisaje urbano en un clima de incertidumbre.

Si hasta entonces la ciudad es todo y todos somos en la ciudad, ¿qué es ahora la ciudad?; ¿y nosotros?

Paradójicamente, a la vez que las ciudades desaparecen, las casas se llenan de usuarios, invirtiéndose así, por primera vez de una forma tan acusada, un orden que viene sucediendo, al menos, desde el siglo XII, momento en el que se crea el concepto de ciudad en Europa.

En este nuevo contexto, aún más incierto que el anterior, tanto la casa como los usuarios se ven obligados a asumir el complejo papel que antes desempeñaban las urbes y su diversidad. Ahora la casa global, convertida en el verdadero laboratorio de experimentos, se ha transformado en la ciudad global y tiene las dimensiones del planeta.

El hogar deja de ser un contenedor donde residen los objetos de consumo y deseo para convertirse él mismo en objeto y a la vez en escenario donde los individuos son actores de distintas escenas de entretenimiento. La vivienda deja de ser un lugar de paso en la ciudad genérica para convertirse en punto de referencia y observación singular. Ahora, la dialéctica de la casa y la no-casa se hace borrosa. Si habitar era estar en la ciudad en todas partes, la casa es una aventura donde perder el tiempo y vivir en una misma deriva.

Una de las características más relevantes de este estado de excepción es la posibilidad para fabricar espacio a la vez que se fabrica tiempo. Mientras que, en muchos casos, el espacio físico de las casas se contrae, al mismo tiempo aumenta gracias, para algunos, al uso más sofisticado y flexible de las tecnologías que facilitan la conexión con el mundo exterior.

Los usuarios toman el mando y hacen un esfuerzo para trasladar las garantías sociales con las que ya contaba el espacio público a sus espacios ahora digitales, surgiendo un nuevo entendimiento de la ciudad compartida; las redes sociales adquieren un nuevo significado y más que nunca se revelan como nuevas plazas públicas donde conversar, intercambiar opiniones o simplemente mostrarse.

Mientras tanto, en este tiempo que ahora no es lineal ni circular, donde el presente se sustituye por la actualidad y el futuro es un concepto tan incierto como inexistente, habrá que esperar y ver si esta situación ha sido un mal sueño o atrevernos a pensar en un mañana-radicalmente distinto- de nuestra vida cuando volvamos a habitar la ciudad.

Madrid, abril de 2020

Gonzalo Pardo

Doctor Arquitecto

Profesor Asociado de Proyectos Arquitectónicos ETSAM

Fundador de gon architects

gon-architects.com/

EL VACÍO QUE NOS SALVARÁ
En este momento histórico – el comienzo de una nueva era, quizás – en que las sociedades de todos los rincones del planeta sufren a destiempo los azotes de la COVID-19, el colapso y la incertidumbre nos instigan a adaptarnos a una realidad limitada y sin hoja de ruta, donde ya no existen nuestras referencias más familiares de las plazas y calles, los centros de culto o museos. El vaciamiento temporal del espacio común ha hecho de nuestros monumentos los símbolos de una verdad que nos incomoda y asusta.
Bronces en forma de Manneken-Pis en Bruselas, Antonio Stradivari en Cremona o una maternidad en Wuhan fueron apareciendo parcialmente enmascaradas como síntomas de nuestra ansiedad y vulnerabilidad asumida. Una simbología que nos habla de la función del arte como elemento de cohesión social, recordándonos el deber de los poderes públicos de sumar con acierto nuevas obras y proteger la memoria colectiva. Una memoria que desde el marco de la XVII Bienal de Arquitectura podemos palpar hoy más que nunca.
Venecia, la ciudad representada y replicada puerilmente en Oriente y Occidente, nos brindó durante estos últimos meses la imagen de la belleza en su desolación y desnudez. También en la limpieza de sus aguas, libres ahora de la inmundicia que dejan sus visitantes ocasionales. Sus plazas y calles cosidas por puentes, sus jardines y palacios, son hoy el escenario para reflexionar sobre la problemática que ha empezado a abordar la ciudad de Nueva York recientemente en relación a su monumentario. Una colección parcial e injusta, que como consecuencia de la manifestación de extrema derecha Unite de Right en Charlottesville (Virginia) en agosto de 2017, de consecuencias trágicas (*), fue auditada, lo que permitió entender qué es lo que hemos consentido contar dentro del espacio común y cuál debe ser el valor del arte en la trama urbana. Su análisis vislumbró como solución mayoritaria la recontextualización y la necesidad de abordar carencias existentes a partir de la incorporación de obras que recuerden a aquellos individuos, colectivos y momentos de nuestro pasado que no habían sido representados antes. Sumar capítulos, matices y tonos que brinden certidumbre al escenario de otra ciudad  posible.
Muchos son los renglones ocultos de la historia que impiden al individuo leer e interpretar el mundo con claridad. La ciudad que en su día recibía a sus visitantes personificada en Libertas como icono de tolerancia e independencia, cuenta a día de hoy con sólo cinco piezas en el espacio público dedicadas a personajes femeninos. En tal sentido, la primera iniciativa impulsada por el ayuntamiento de la ciudad, She Built NYC (Ellas construyen Nueva York), ha tenido como finalidad reparar esta grandísima sinrazón. Habrá más monumentos y expresiones colectivas que permitan crear debate sobre temas que difícilmente se podrían discutir de otro modo, como el que se ha anunciado recientemente, la primera obra de arte público que rinde tributo al legado de dos activistas transgénero, Marsha P. Johnson y Sylvia Rivera. Estos nos recuerdan que el confinamiento, la invisibilidad y la precariedad no comienzan y terminan con una pandemia, sea la COVID-19 o cualquiera de las que seguramente vendrán. Seguiremos creando símbolos para representar los nuevos tiempos que nos tocarán vivir en un mundo de precariedad e incertidumbres pero también de desafíos y logros, como sucedió hace 50 años con los Disturbios de Stonewall.
Decía Borges: Los espejos y la cópula son abominables, porque multiplican el número de hombres. Frente al aborrecible narcisismo de las sociedades que se mueven en un vaivén del todo consumista, el vacío se presenta ahora como una oportunidad de cambiar el cómo queremos vernos y que nos reconozcan.
Nueva York, abril de 2020
Sergio Pardo López
Arquitecto, Gestor Cultural
Director de Proyectos
Percent for Art Program
New York City Department of Cultural Affairs
* Manifestación de extrema derecha que tuvo como objetivo oponerse a la eliminación de la estatua de Robert E. Lee, líder del Ejército Confederado durante la Guerra de Secesión, como consecuencia de la controversia generada por la eliminación de los monumentos confederados  a raíz de la masacre de la iglesia de Charleston en 2015. Marcha que acabó con múltiples heridos y un fallecido entre los contramanifestantes. 
ARQUITECTURA ATEMPORAL

Oportunidad de pensar sobre los valores, irremplazables y trascendentales, de la arquitectura de nuestro tiempo. Tiempo relativo, dimensión altamente adaptable a diversos niveles de incertidumbre. Nuestra actividad registra procesos cíclicos acumulativos, nunca iguales, ni lineales. Asistimos a cambios y derivas constantes, que nos exigen tomas de decisiones sin interrupción. Acumulamos experiencia por intensidad y continuidad, cada acción es irrepetible, o debería serlo. No hay opción en el automatismo. La arquitectura nos exige ser lentos para ser precisos, la intencionalidad del calculista certero. Nuestra estructura de pensamiento, sistémica y relacional, entrenada y acostumbrada a discernir en contextos complejos, suele responder con  nitidez. Esto nos confiere multitud de roles en una sociedad global, cambiante y cargada, más que nunca, de incertidumbres. La creatividad mesurada nos impulsa más allá. Disciplinados en hallazgos de espacios próximos y colectivos, escenarios de múltiples relaciones, inventamos, también, lugares que se llenan de vida, sitios en continua interacción con la humanidad y su devenir. Viajeros del tiempo desde los tableros de nuestras mesas, metamorfoseamos el patrimonio, manipulamos la herencia urbana entendida como materia para la innovación. Nos recreamos en el paso del tiempo y reemplazamos dudas y preguntas por futuros dibujados, que  existen primero en forma de pensamientos. Tratamos el tiempo, como otra materia, puente entre contextos, épocas y momentos. Proyectar es acción a futuro, realizada en un momento presente que considera la memoria y la historia. Actualizamos el pasado en revisiones críticas, experimentaciones que revisamos una y otra vez, hasta agotar plazos de entrega, en ocasiones, iteraciones en variaciones que ocupan toda una vida. Arquitectos, inconformistas, manejan todos los tiempos, reflexionan sobre potencialidades, también piensan en imposibles, luego el oficio, construye ciertas coexistencias, otras emergerán más adelante. Trabajar como si el paso del tiempo no existiera, a la vez que es posible comprimirlo en máxima tensión. Pocas profesiones se pueden permitir perder el tiempo como inversión para proyectarlo. Expertos en conexiones entre esto y aquello, entre suelo y pared, entre interior y exterior, entre puerta y mano, realizamos acuerdos entre límites, contenemos materias, confinamos aire y luz. Damos forma a las energías en hibridaciones y fusiones de acontecimientos en diversas realidades. Almacenamos sedimentos temporales, emociones, sensaciones y vivencias en: casas con varias vidas, fábricas travestidas, calles y plazas inmortales, parques vitales, teatros animados, museos invisibles, tiendas y muebles habitados, diagonales quebradas, escaleras de escenarios que suben y bajan… La arquitectura aúna contradicción en su flexibilidad, enlaza fragmentos, crea contigüidades, atrapa el tiempo, los tiempos. En su capacidad de anticipación, cambia tanto la percepción de las estéticas establecidas como transforma los campos putrefactos en bellos jardines. Esta manera de hacer arquitectura tiene que ver con el desarrollo natural. Una vez desaparecida la forma, desintegrados los materiales, sólo existe la protomateria, momento en que estamos en disposición de construir un mundo nuevo, desintegrar para la integración posterior. Ejercer otra forma de transubstanciación, desde ese viaje sin solución de continuidad. Al final de la búsqueda incansable de esencia, resulta la arquitectura atemporal. 

Las Palmas de Gran Canaria, abril de 2020

Ángela Ruiz

Doctora Arquitecta

LA DIVULGACIÓN DE ARQUITECTURA EN TIEMPOS DE(L) CÓLERA

Vamos a ir al grano: las revistas de arquitectura ya no tienen sentido. En realidad, la cosa no es tan novedosa; las revistas de arquitectura hacía mucho tiempo que eran poco más que artefactos de consumo onanista por arquitectos y para arquitectos donde había desaparecido cualquier atisbo de análisis y crítica en favor de la hagiografía pura y sin cortar. Como se decía (y aún se dice) en algunas escuelas que "Lo importante es que te publiquen", pues al final las revistas solo son un escaparate publicitario para la felación profesional. Un coñazo supino, vamos. Luego no deberíamos extrañarnos cuando nos dicen que estamos desconectados de la realidad.

Claro, cuando la única manera de hacer divulgación arquitectónica era el viejo papel, pues no había más remedio que plegarse a sus directrices pero, ay amigos, resulta que con la llegada del Internet 2.0, todo se descabalga y todo se desequilibra. Aparece un nuevo territorio, incierto y fascinante, para enseñarle al mundo lo guay (o lo nefasta) que es la arquitectura. Y aparece montado en el caballo de batalla de la comunicación contemporánea: las redes sociales.

Sí, las redes sociales son tanto caballo como campo de batalla. Son nidos de peleas y trincherismo político, y más en tiempos difíciles como los de 2020, pero también son otro tipo de caballo perfecto para la divulgación. El de Troya. La analogía es sencilla: si realmente queremos comunicar cultura arquitectónica, no podemos seguir circulando en canales restringidos, no podemos obligar al público a que busque tu contenido; tenemos que llevar el contenido donde está el público.

Así, el receptor de ese contenido ni siquiera tiene por qué ser un interesado en la arquitectura, en el diseño y ni siquiera en la cultura. Basta con que esté ahí. Porque al estar ahí (y todo el mundo está en una red social), va recibir lo que le enviamos. Y si tiene curiosidad o interés, y el contenido es atractivo, se quedará con nosotros. 

Para que la similitud con el equino troyano sea aún más real, lo suyo es renunciar de una vez por todas al lenguaje oscuro, neblinoso e hipercomplejo que emplean los figurones de cartón piedra de la arquitectura contemporánea. Hay que apostar por una comunicación clara y adecuada. Basta de academicismos que solo buscan epatar a los convencidos y comencemos a contar las cosas para ser entendidas. Es la única manera de hablar de proyectos tan intrincados y fascinantes como, qué se yo, el Cementerio del Bosque de Estocolmo y que la gente se interese por ese lugar. Y que lo aprecie. Y que le guste. Y que lo comparta. Y que, en un crecimiento exponencial, haya más gente a la que le guste y lo comparta. 

Y así, tal vez consigamos que el mundo piense los arquitectos no somos una manga de pedantes gilipollas sino profesionales cuyo motor creativo es hacer que las personas vivan (y en el caso de Asplund y Lewerentz, mueran) mejor.

Madrid, abril de 2020

Pedro Torrijos

Arquitecto y divulgador cultural